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viernes, 26 de noviembre de 2010

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Caroline era una chica de estatura media, de complexión delgada, con tes blanca y un hermoso cabello obscuro que caía en ondas por sus hombros, tenía labios gruesos pero con una simetría perfecta. Ojos cafés con matices obscuros y claros con pestañas largas que la mayoría del tiempo estaban resaltadas por un poco de rímel, que junto con un delineado intacto conformaban toda la parte de su arreglo.

Lo que Caroline mas odiaba era la soledad y aquella fría tarde la tristeza se había apoderado de ella, aunque nuca lloraba, ese día las lágrimas eran inevitables, salió de su casa y caminó sin rumbo hasta encontrar una acera, se sentó y cubrió sus ojos con las manos dejando ver un cuidadoso arreglo en las uñas pintadas de negro (su color favorito).
Se agachó un poco y se olvidó de todo lo que la rodeaba, concentrándose únicamente en su tristeza.


Unos pasos se acercaron por la calle hasta detenerse junto a Caroline -por que lloras?- preguntó una voz masculina, Caroline levantó la vista para encontrarse con un joven, era alto, de complexión delgada, pero atlética y con el cabello obscuro y largo, tenía los ojos azules, y la piel tan blanca como ella.
-a nadie le importo- respondió Caroline recordando de nuevos sus problemas, el chico se sentó a su lado y dejó caer en sus manos una rosa con pétalos negros.

-Si vuelves a sentirte triste, te regalaré rosas negras, te haré recordar que no estás sola- 
Caroline sonrió y de momento toda la tristeza se desvaneció, desde ese instante, para ella el mundo se detuvo.
El chico la miró y paso el brazo por los hombros de ella.



ROSAS NEGRAS