Lo que Caroline mas odiaba era la soledad y aquella fría tarde la tristeza se había apoderado de ella, aunque nuca lloraba, ese día las lágrimas eran inevitables, salió de su casa y caminó sin rumbo hasta encontrar una acera, se sentó y cubrió sus ojos con las manos dejando ver un cuidadoso arreglo en las uñas pintadas de negro (su color favorito).
Se agachó un poco y se olvidó de todo lo que la rodeaba, concentrándose únicamente en su tristeza.
Unos pasos se acercaron por la calle hasta detenerse junto a Caroline -por que lloras?- preguntó una voz masculina, Caroline levantó la vista para encontrarse con un joven, era alto, de complexión delgada, pero atlética y con el cabello obscuro y largo, tenía los ojos azules, y la piel tan blanca como ella.
-a nadie le importo- respondió Caroline recordando de nuevos sus problemas, el chico se sentó a su lado y dejó caer en sus manos una rosa con pétalos negros.
-Si vuelves a sentirte triste, te regalaré rosas negras, te haré recordar que no estás sola-
Caroline sonrió y de momento toda la tristeza se desvaneció, desde ese instante, para ella el mundo se detuvo.
El chico la miró y paso el brazo por los hombros de ella.
ROSAS NEGRAS

