Y así una tarde de otoño salió a su jardín con su vestido negro, adornado con detalles rojos, siempre había dicho que el día que la enterraran quería que lo hicieran con ese vestido, pues bien ya no habría de que preocuparse, se peinó como el día que había conocido a Alfredo y tomó las doce rosas que tenía, las acomodó en una parte de su jardín ahora repleto de rosas rojas, sostuvo en una mano la primera rosa negra que había tenido, cerro los ojos y con la mano que tenía libre tomó el bisturí con mucho filo, le había costado adquirirlo y ahora había llegado el momento de usarlo.
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