En la casa de Caroline había un jardín, estaba ya olvidado y no quedaba más que el césped, Caroline gastó todo el dinero que le quedaba en rosas a causa de no poder teñir todas de negro, poco a poco fue llenando el jardín con rosas rojas.
Y ahí se quedaba por horas cuidando de las rosas, sin más compañía que los recuerdos de Alfredo
Continuaba lamentándose y la culpa, el dolor y la tristeza la atormentaban a diario.
Un día se enteró de que Alfredo había estado coqueteando con una amiga suya, eso hizo que Caroline se sintiera como un extraño con ilusiones rotas, pues era lo único que le quedaba, las ilusiones que ahora estaban muertas.
ese día lloró como nunca, supo que había perdido toda esperanza de volver con Alfredo y nada puede ser más doloroso que eso.
Un sueño roto...
